Cartografías de lo imaginable

Ensayos, ficciones y reflexiones para navegar lo desconocido

Sobre la resiliencia

Estas son reflexiones inspiradas por la lectura de este artículo.

Viviendo en un momento histórico tan caótico como el que nos toca, me parece muy relevante el análisis de la historia cuando nos acercamos a ella para comprender su dinámica y no sólo los hechos. Comprender la dinámica que lleva a las estructuras sociales al colapso puede resultar muy útil. La idea del pragmatismo como motor de nuestro interés resuena y también la de expiación colectiva, herencia tal vez de tantos siglos de una forma mental culposa que invade la sociedad occidental. Comprender el motor de nuestros intereses puede ser muy relevante. De cualquier manera, me gustaría profundizar sobre el tema central del artículo: la resiliencia.

La resiliencia parece ser una consecuencia de la dinámica histórica más que una propiedad esencial. Es una observación a posteriori que se sintetiza perfectamente en el final del artículo: «Y podemos aseverar sin atisbo de duda que hasta ahora somos un prodigio de la resiliencia por una sencilla razón: aún seguimos aquí.» Pero ¿Que le otorga a estas grandes y complejas estructuras su observada resiliencia?

En el artículo se cuestiona: ¿Es la cultura un hecho más definitorio que la propia supervivencia? Y me gustaría complementar esta pregunta: ¿Son la cultura o la supervivencia motor suficiente para explicar la propuesta de conservación creativa o habrá algo por descubrir en el «cómo» del devenir histórico?


Esta es mi reflexión: Los procesos históricos parecen constituirse en momentos.

Momento de sedimentación: las tradiciones se afirman como parte de la experiencia cotidiana. Los valores más representativos de las luchas de la época (organización social de grandes conjuntos humanos, integración religiosa, proliferación industrial, etc) emergen como estructuras para regir el comportamiento (inicialmente caótico o desorganizado, por el cierre de la etapa anterior). Etapas donde la diversidad se organiza modalmente, pero se mantiene aún sin núcleo estable. La tradición es carga psicologica, no moral.

Momento de concentración: Los poderes se afirman. Se conforman núcleos de poder. Cada época impone sus necesidades. Se institucionalizan las tradiciones. Comienza a resquebrajarse el sistema de tradiciones, entendidos experiencialmente embebidos en el comportamiento, para externalizarse en formas orientadoras desancladas de la experiencia. Quienes quedan «dentro» y quienes quedan «fuera» son progresivamente más evidentes, y ésta distinción se sustenta en los modos experienciales normativamente delineados. Se acentúan la discriminación y las divisiones sociales.

Momento de desilusión: Las estructuras de poder, las instituciones, van perdiendo su poder cohesivo por su tendencia centrípeta. Lo que en algún momento cohesionaba el comportamiento (las tradiciones como experiencia común) se cierra como sistema y pierde conexión con aquello que cohesionaba. El poder deja de comprender la experiencia que le sustenta y se aleja de sus necesidades internas. Los «de afuera» reivindican su experiencia, experimentándola como «ajena» al deber impuesto por el poder. Aparecen nuevas formas (o se recuperan antiguas) de construcción de realidad: nuevas narrativas, dinámicas sociales, mitos, etc. Estas formas no son comprendidas por el poder, que a este punto tiene límites muy delineados, y éstas divergencias suelen ser reprimidas o alienadas, lo que usualmente deriva en el fortalecimiento de estas estructuras sobre sí mismas. Comienzan a germinar nuevas tradiciones —derivadas de la continuidad experiencial y no de las anclas momentáneas dispuestas por el poder— La incoherencia y fragmentación creciente en el sistema desestabiliza los cimientos del poder, aumentando sus probabilidades de colapso progresivamente.


Es interesante el concepto «desequilibrio dinámico», y puede ser interesante también considerar la inversión conceptual: El equilibrio inestable. Cualquier equilibrio perfecto es quietud, pero fundamentar el desarrollo social en el desequilibrio puede ser un error de dirección con implicaciones notables, similar a la creencia de que «todo en el universo tiende al caos». Las derivaciones de la formulación entrópica del universo son notorias en nuestro sistema de creencias actual. En oposición se puede proponer: toda estructura se sostiene gracias a su relativa estabilidad, análogo a la homeostásis biológica. La quietud incapacita a la estructura, la vuelve incapaz de reaccionar a sus propias modificaciones internas. El desequilibrio desmonta la estructura gradualmente. Comprender la noción de equilibrio inestable puede alumbrar la tendencia que motoriza la historia, ya que nos orienta la mirada hacia una estructura viva donde la estabilidad no es supervivencia como hecho teleológico —formulación conceptual propia de una etapa normativa— sino una condición inherente de un proceso evolutivo precedente incluso a la historia humana. Esto no debe comprenderse como un reduccionismo biologicista. Creo necesario analizar qué es lo que cada nivel de complejidad organizativa aporta al sistema en dinámica.


Hasta aquí me llevan mis reflexiones, y sintetizo:

La historia va ciclando en procesos que parecen tener una cierta estructura. Las características de cada momento cambia de contenido, pero el ciclo es visible, y más allá de las diferencias en el abordaje, casi siempre se vislumbran momentos de características similares. Hoy hablamos del colapso de la civilización occidental. ¿Podemos comprender el colapso de esta civilización en los términos mencionados? Y lo que es tal vez interesante, para no ser meros espectadores de la historia, ¿Podría este conocimiento, si fuera adecuado, ayudarnos a comprender qué es lo que vale la pena atender en un momento histórico como el que vivimos?

Retomando la idea de colapso, la pregunta general puede adoptar un giro interesante: ¿Qué es lo que colapsa? También desde esta perspectiva aparecen nuevas preguntas: ¿Qué promueve la consolidación de poderes? ¿Qué promueve la desilusión generalizada? ¿Qué rol cumplen los recambios generacionales?

La experiencia o momento de «conservación creativa» parece no estar presente en todo momento, tal vez porque no en todo momento se registra la necesidad del mismo modo. Si tuviera que ubicarlo como fenómeno general, lo ubicaría en el momento de desilusión, tal vez como paradoja o tal vez apuntando a una nueva pregunta: ¿Qué es lo que intentamos conservar en estos esfuerzos creativos?